Durante la temporada navideña, millones de personas regresan a la iglesia, incluso aquellos que hace tiempo que se alejaron de la vida religiosa. Escuchan la historia de María, José y el niño Jesús, nacido en un establo porque no había lugar para él en la posada. Para los misioneros cristianos, esta historia no es sólo parte de la tradición, sino también un recordatorio de la tarea global: transmitir el texto bíblico a cada pueblo en su propio idioma.
La Biblia ya es el libro más traducido de la historia de la humanidad: está disponible en más de 750 idiomas. Sin embargo, hay alrededor de 7.000 lenguas vivas en el mundo, y de miles de ellas ni siquiera existen fragmentos de la Sagrada Escritura. Hoy en día, las organizaciones religiosas apuestan por tecnologías que, según la revista The Economist, son capaces de acelerar radicalmente este proceso; sobre todo, por modelos lingüísticos a gran escala y herramientas de inteligencia artificial.
Por qué la traducción de la Biblia es un desafío lingüístico y teológico
Traducir textos bíblicos no es sólo una tarea técnica. El Antiguo Testamento tiene alrededor de 600.000 palabras y, según la tradición, fueron necesarios unos 70 eruditos para traducirlo en el siglo III a.C. El Nuevo Testamento está escrito en un idioma griego coloquial y desigual, alejado de la norma clásica, lo que sólo complica la tarea de los traductores.
Muchas de las formulaciones del texto siguen siendo ambiguas. Uno de los ejemplos más famosos es la palabra ἐπιούσιον (epiousion) en la oración «Padre Nuestro». La frase “danos hoy nuestro pan epiousion” contiene un término que aparece sólo en este contexto, y su significado exacto sigue siendo un tema de debate hasta el día de hoy. Algunos investigadores creen que se refiere al pan «de cada día» o «de cada día», otros asocian la palabra con «mañana» y otros, con alimento espiritual o eucarístico. Sin embargo, la mayoría de los traductores se vieron obligados a tomar una decisión y finalmente se decantaron por la opción del “pan de cada día”.
Tales decisiones tienen consecuencias teológicas de largo alcance. Un ejemplo clásico es la descripción de María: en una traducción se la llama joven, en otra, virgen. Esta diferencia afecta elementos fundamentales de la doctrina cristiana y muestra que la traducción de la Biblia está inevitablemente asociada con la interpretación.
De las piras de la Inquisición a proyectos a largo plazo
Históricamente, la traducción de la Biblia no sólo fue una ocupación difícil sino también peligrosa. En la Edad Media, los traductores que trabajaban en el texto en lenguas vernáculas podían ser declarados herejes y ejecutados. Después de la Reforma, el riesgo para la vida desapareció, pero la laboriosidad permaneció. En 1999, la organización misionera Wycliffe estimó que con el enfoque tradicional (enviar misioneros al extranjero, aprender el idioma desde cero y traducir a mano) se necesitarían unos 150 años para lanzar proyectos para todos los demás idiomas.
Más tarde, los lingüistas locales empezaron a participar en el trabajo, pero incluso en este caso, la traducción de toda la Biblia solía tardar unos 15 años.
Cómo la inteligencia artificial está cambiando la escala de la tarea
Con la llegada de los grandes modelos lingüísticos, la situación empezó a cambiar. Según los expertos, con la ayuda de la IA, la traducción del Nuevo Testamento podría llevar unos dos años, y el Antiguo, unos seis. Esto acorta radicalmente el plazo y nos permite hablar de objetivos globales.
Las organizaciones misioneras ahora se esfuerzan por tener al menos una parte de la Biblia traducida a todos los idiomas vivos para 2033. La coalición IllumiNations, que reúne a agencias de traducción, afirma que el proyecto ya está completado en más de la mitad. Durante la última década, se han recaudado casi 500 millones de dólares para estos fines.
El avance tecnológico fue posible en gran medida después de que la empresa Meta abriera el acceso a su modelo de traducción automática en 2022. Fue creado originalmente para mejorar los servicios digitales en unos 200 idiomas, principalmente en países africanos y asiáticos. Sin embargo, las organizaciones religiosas han adaptado este desarrollo para traducir textos bíblicos, adaptando prácticamente la tecnología secular a una tarea sagrada.
El problema de los “lenguajes pequeños” y los límites de la traducción automática
Sin embargo, la inteligencia artificial no es una solución universal. Muchos idiomas pertenecen a la categoría de los llamados «bajos recursos»: casi no hay fuentes escritas para ellos, lo que significa que los modelos lingüísticos simplemente no tienen nada en qué entrenarse. En tales casos, los traductores primero deben crear manualmente textos paralelos, a menudo traduciendo fragmentos de la Biblia sin la ayuda de la IA.
Como señalan los expertos, la pregunta clave hoy es cuál es la cantidad mínima de datos necesarios para que el modelo comience a dar resultados aceptables. Encontrar este equilibrio sigue siendo una de las principales tareas técnicas del proyecto.
Cultura, metáforas y las dudas de los creyentes
El uso de la IA también provoca disputas teológicas. Algunos cristianos temen que la tecnología esté reemplazando la inspiración espiritual y el papel del Espíritu Santo. Los partidarios del enfoque digital responden que la IA desempeña solo una función auxiliar: todas las traducciones pasan por una revisión en varias etapas por parte de humanos, desde lingüistas hasta teólogos.
Sin embargo, persisten las complejidades culturales. La IA no funciona bien con metáforas y conceptos abstractos. Si el idioma no tiene la palabra «murciélago», los traductores deben usar fórmulas descriptivas como «arma de guerra» o «un palo largo de madera para derribar puertas».
Además, diferentes culturas perciben las imágenes de manera diferente. Por ejemplo, la expresión “recibir a Jesús en el corazón” no se entiende universalmente: entre algunos pueblos de Papúa Nueva Guinea, el hígado o el estómago se consideran el centro de las emociones. En tales casos, la traducción requiere adaptar las imágenes para preservar el significado sin distorsionar el mensaje.
Entre la expectativa del fin de los tiempos y el beneficio práctico
Para algunos cristianos, la urgencia de traducir la Biblia tiene un significado escatológico: existe la creencia de que el regreso de Cristo sólo será posible después de que las Escrituras sean accesibles a todos los pueblos. Para otros, es principalmente un deber misionero.
Este proyecto también tiene consecuencias completamente terrenales. El trabajo sobre lenguas raras ayuda a salvarlas de la extinción, crea nuevas bases de datos lingüísticas y contribuye al desarrollo de las tecnologías de traducción en general. Así, un texto religioso antiguo se convierte en un catalizador de los procesos tecnológicos modernos, con un efecto que va mucho más allá de las fronteras del mundo religioso.
Agradecemos por el contenido a The European Times.

