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La erosión de la conciencia: salvaguardar la sociedad civil en un sistema de la ONU en contracción

El corresponsal en Ginebra, Robert Johnson, cubre el lanzamiento del informe de Patrizia Scannella, «Salvaguardar el espacio de la sociedad civil en las Naciones Unidas». En medio de una crisis de financiación global y la reforma de la ONU80, los expertos advierten que las barreras administrativas están socavando el Consejo de Derechos Humanos. El análisis destaca cómo silenciar a las ONG amenaza la credibilidad del sistema multilateral, e insta a los estados a proteger este pilar esencial de la rendición de cuentas.

GINEBRA, marzo – Un martes por la mañana, en los pasillos asépticos del Palacio de las Naciones, la atmósfera era apagada, pero cargada de urgencia tácita. Un evento paralelo, celebrado paralelamente a la 61º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanosreunió a numerosos participantes, una asamblea dada la gravedad del tema. Entre los asistentes se encontraban numerosas delegaciones diplomáticas, representantes de organizaciones internacionales y un grupo de expertos en derechos humanos. El tema no era un nuevo conflicto o una atrocidad repentina, sino algo quizás más insidioso: la lenta asfixia administrativa de los mismos actores destinados a hacer que el poder rindiera cuentas.

El evento sirvió de plataforma para el lanzamiento del análisis”Salvaguardar el espacio de la sociedad civil en las Naciones Unidas» escrito por Patrizia Scannella y publicado por la Friedrich-Ebert-Stiftung en colaboración con la Comisión Internacional de Juristas. Como observé desde el fondo de la sala, la discusión no giró en torno a la necesidad de la sociedad civil –un hecho establecido– sino más bien a los alarmantes mecanismos que se están desplegando actualmente para erosionar su participación.

Los panelistas fueron inequívocos en su valoración. “La sociedad civil no es sólo un accesorio, sino el pilar más esencial de la ONU” afirmó un orador, un sentimiento que resonó durante toda la mañana. Otro enfatizó que estas organizaciones actúan como la “fuerza cohesiva que mantiene la ambición de la ONU, preservando la vitalidad del propio sistema multilateral”. No se trataba de simples florituras retóricas. Señalaron una realidad estructural: sin voces independientes, la ONU corre el riesgo de convertirse en una cámara de resonancia del poder estatal, perdiendo la credibilidad que sustenta su mandato de derechos humanos.

La publicación de Scannella proporciona la evidencia forense para estas preocupaciones. El documento presenta un panorama sombrío de una organización bajo presión, atrapada entre un resurgimiento geopolítico del autoritarismo y una crisis interna de identidad. El análisis destaca una convergencia de tendencias restrictivas: mayores represalias contra quienes cooperan con la ONU, obstáculos administrativos que limitan el acceso y un entorno financiero que se está volviendo hostil a la defensa independiente.

Desde un punto de vista legal, esta erosión golpea el corazón de los tratados fundacionales de la ONU. La Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) no son meros textos abstractos; son documentos vivos que dependen del seguimiento proporcionado por la sociedad civil. El artículo 19 del PIDCP, que protege el derecho a tener opiniones y a buscar, recibir y difundir información, depende operativamente de la capacidad de las ONG y los activistas para acceder a foros como el Consejo de Derechos Humanos. Cuando se erigen barreras procesales, hacen más que incomodar a un activista; violan la obligación del Estado de respetar la implementación de estos pactos.

Uno de los aspectos más convincentes (y preocupantes) del informe es su crítica a la actual iniciativa ONU80. Lanzado en marzo de 2025 por el Secretario General, este esfuerzo de reforma está aparentemente diseñado para hacer que la organización sea más eficiente y rentable. Sin embargo, el informe sostiene que en el pilar de derechos humanos, este impulso hacia la eficiencia enmascara una contracción peligrosa. “En realidad, no se trata de una reforma de la ONU, sino de una contracción de la ONU”, señala Chris Sidoti en el informe, una cita que resonó durante la discusión. Cuando la eficiencia se desvincula de la eficacia y la protección de los derechos humanos, se convierte en una herramienta para vaciar las funciones centrales de la institución.

El contexto financiero añade una capa de fría realidad a estos cambios burocráticos. El informe documenta una reorientación histórica de los recursos globales. Si bien el gasto militar mundial alcanzó un récord de 2.718 mil millones de dólares en 2024, la financiación para el trabajo humanitario y de derechos humanos está cayendo en picado. El análisis proyecta una caída del 28 por ciento en la Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD) para 2026 en comparación con 2023. La congelación de los fondos de USAID por parte de la administración Trump se cita como un catalizador de esta crisis, creando un efecto dominó que ha dejado a muchas organizaciones de la sociedad civil sin poder sostener sus operaciones o viajar a Ginebra.

Este estrangulamiento financiero tiene un impacto directo y “banal” en la maquinaria de justicia. Se manifiesta en sesiones canceladas, informes retrasados ​​y sillas vacías en las salas de conferencias, consecuencias que a menudo se justifican con hojas presupuestarias más que con malicia. Sin embargo, como podría haber observado Hannah Arendt, el desplazamiento de la responsabilidad moral por la rutina administrativa es un sello distintivo del fracaso sistémico. Los mecanismos de derechos humanos de la ONU ya son los menos financiados de los tres pilares de la organización; nuevos recortes no sólo racionalizan el sistema, sino que paralizan su capacidad de escuchar a la víctima.

Durante el panel, los ponentes Advirtió que proteger el espacio cívico no se trata de proteger a un grupo de intereses especiales, sino de salvaguardar la credibilidad de todo el sistema de derechos humanos de la ONU. Si se desconecta la alarma porque el ruido es molesto, como señaló célebremente Santiago Cantón, Secretario General de la CIJ, el incendio pasa desapercibido. El silencio que reinaba en la sala el martes no era de paz, sino de un sistema que contenía la respiración y observaba cómo el espacio para la disidencia y la rendición de cuentas se hacía cada vez más pequeño.

El informe concluye con un llamado a la valentía y al liderazgo, instando a los estados a revertir estas tendencias restrictivas. Para los diplomáticos presentes, el mensaje fue claro: el costo de preservar la sociedad civil es alto, pero el costo de perderla (la pérdida de legitimidad, rendición de cuentas y, en última instancia, dignidad humana) es un precio que el sistema multilateral no puede permitirse pagar. A medida que la ONU se acerca a su 80º aniversario, se enfrenta a una elección entre un eco ágil y eficiente del poder estatal o un foro desordenado, vibrante y verdaderamente inclusivo para los derechos humanos. El camino elegido en los próximos meses determinará el futuro de la gobernanza global.

We acknowledge The European Times for the information.

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